jueves, 17 de mayo de 2012

“El euro se arregla, o se rompe”, advierte David Cameron

“La zona euro está en una encrucijada. O bien se arregla, o bien se dirige hacia una potencial ruptura”, insistirá este jueves el primer ministro británico, David Cameron, en una intervención ante empresarios en Manchester. Cameron se une así a los agoreros comentarios ya realizados durante la semana por el ministro de Economía, George Osborne, y por el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, sobre las consecuencias que la crisis del euro está teniendo en la economía británica. El primer ministro ya se expresó en términos parecidos durante la sesión de preguntas del miércoles en el Parlamento.
Cameron ha señalado esta mañana que, desde su punto de vista, "está cada vez más claro que [los países europeos en dificultad] no están en condiciones de aguantar el necesario ajuste si el núcleo de la zona euro, también a través del BCE, no hace más para impulsar el crecimiento y ayudar a llevar el peso del ajuste".
La intensa preocupación de las autoridades de Londres, que intentan achacar al euro la vuelta de la economía británica a la recesión y evitar así que los votantes y los contribuyentes identifiquen a las políticas de austeridad que aplica Cameron desde que llegó al poder hace dos años, contrasta con su posición oficial de que, como la libra no está en el euro, Reino Unido no tiene por qué realizar aportaciones al fondo de rescate de la moneda europea. Reino Unido, Dinamarca y Suecia son los tres países de la UE que se quedaron fuera del euro voluntariamente.
Dada esa posición de distancia que pone Londres en lo material, las agoreras advertencias de David Cameron corren el riesgo de sentar muy mal en el resto de capitales europeas en un momento en que la fuga de capitales en Grecia acrecienta la posibilidad de la ruptura de la zona euro. Son especialmente contraproducentes por venir de un primer ministro británico, lo que les ha dado un eco enorme en la City, el lugar donde ahora mismo se está decidiendo el futuro de miles de millones en inversiones en Grecia.
“O Europa tiene una zona euro comprometida, estable y provechosa con un cortafuegos efectivo, bien capitalizado y bancos regulados, con un sistema que comparta las cargas fiscales y una política monetaria solidaria a lo largo de la zona euro o nos vamos a ver en territorio desconocido, lo que conlleva enormes riesgos para todos”, se espera que diga el primer ministro en Manchester.
Cameron volará después a Washington para asistir a la cumbre del G-8. Allí tendrá ocasión de encontrarse con el nuevo presidente francés, François Hollande, con el que no tiene muy buena sintonía y que ha acusado a los británicos de elegir de Europa lo que les conviene y desentenderse de lo que no les interesa. Por ejemplo, ayudar al euro en un momento de crisis como este.
El miércoles, el gobernador del Banco de Inglaterra redujo las previsiones de crecimiento de la economía británica y advirtió que la zona euro “se está desmembrando sin que haya una solución clara”, lo cual amenaza con afectar al sistema bancario británico.
El lunes, el ministro de Economía aseguró que “la incertidumbre sobre el euro, y no la austeridad”, han hecho que la economía vuelva a la recesión.
Ninguna de estas declaraciones es completamente novedosa, pero el hecho de que se hayan producido en cadena y en estos momentos les da un enorme significado e impacto. Y han dado pie a la prensa británica a caer en el sensacionalismo. The Guardian asegura que el Gobierno británico “realizaba anoche preparativos urgentes para afrontar una posible salida de Grecia del euro, después de que el gobernador del Banco de Inglaterra, sir Mervyn King, advirtiera que Europa se está desmembrando”. Londres ya reconoció hace meses que tiene preparados diversos escenarios ante la posibilidad de que efectivamente el euro se rompa.

Por qué no votaré por el señor Medina

Los dominicanos acudiremos el domingo a los centros de votación para elegir a quien será el próximo presidente a partir del 16 de agosto. Todo indica que habrá un ganador en primera vuelta, lo cual le ahorraría al país el gasto y el trauma de una segunda ronda en la que cabría esperar lo que no se ha hecho todavía, que honestamente debe ser ya muy poco. Es importante que los electores voten con plena conciencia de lo que hacen, a fin de darle valor al sufragio y fortalecer de este modo la democracia, terriblemente débil en materia de institucionalidad y falta de garantías ciudadanas.
Muchos amigos me preguntan por quién yo votaría y si lo haría por el candidato del gobierno, licenciado Danilo Medina. Yo no votaría por él por muchísimas razones, ninguna personal, todas políticas,que paso a enumerar. La primera es que las circunstancias electorales y la debilidad democrática de nuestro país me han forzado siempre a sufragar por el candidato de oposición con mayores posibilidades y esas circunstancias no han cambiado.
Así lo hice por Hipólito Mejía en el 2000 para no validar un nuevo gobierno del PLD, y tuve que volver a votar por el hoy presidente Fernández cuatro años después para evitar la relección del señor Mejía, con éxito en ambas oportunidades. En la siguiente elección presidencial, le di mi voto al señor Vargas Maldonado para expresarme así en contra de la relección del señor Fernández, lo cual no fue obviamente suficiente para impedirla.
Durante los agitados días de las primarias en el PLD, en las que después el señor Medina acusara al señor Fernández de haberle vencido con el uso masivo de los recursos estatales, le expresé mis simpatías al primero acompañándolo incluso como observador en varios viajes al interior en actividades de campaña, la primera de ella por Moca y Salcedo viajando en su compañía en su propia jeepeta.
La siguiente razón por la que no votaría  el domingo por él  es que su partido concentra demasiado poder y un nuevo mandato del PLD, por más que Medina intentara ser diferente y tolerante, acentuaría esa peligrosa realidad y dejaría al país sin una fuerte oposición en capacidad de servir de contrapeso a los excesos de autoridad que ese total dominio de las instituciones nacionales les permitiría, en detrimento de las libertades y los derechos ciudadanos.
No votaré por el señor Medina porque, además, su silencio inexplicable en la discusión de los grandes temas nacionales, bajo la aparente excusa de no producir fricciones innecesarias, me dejó la sensación de que carece de la autoridad y el liderazgo real suficiente para encarar políticamente los grandes desafíos que enfrenta y deberá enfrentar el país en el futuro cercano, es decir en el periodo que le tocaría gobernar si ganara las elecciones.
Me refiero entre otros  al debate de la Constitución, a la demanda de mayores recursos para la educación, como manda la ley que le asigna el 4% del Producto Interno Bruto, la defensa del medio ambiente y las escandalosas denuncias de corrupción, que involucran a connotadas figuras del gobierno que lo promueve y que, según han publicado algunos medios, figuran entre sus más generosos patrocinadores de campaña.
No votaré por él porque no ha dicho "¡eso no!", la caballerosidad política de oponerse a la propaganda desleal, para no llamarle sucia, que sus aliados han desplegado con extrema virulencia, imprimiéndole a la campaña un tono de violencia verbal que ha contaminado todo el espectro electoral y llevado a los demás a una emulación a punto de degenerar en violencia física, lo que afortunadamente no ha ocurrido y espero en Dios no suceda, porque ya contamos con dos muertos, dos hogares enlutados, llenos de huérfanos de afectos y manutención, sin posibilidad que pueda haber justicia para consuelo de los deudos.
No votaré por el señor Medina por muchas otras razones valederas, pero sobre todo porque vivo todavía en un país libre y como ciudadano libre estoy en pleno derecho de decidir sin miedo alguno por quien votar y con quién reunirme, aunque tenga la absoluta convicción de que al reclamar ese derecho , que no me reconocerá el señor Medina, me exponga a muchas cosas, lo cual indica la terrible debilidad institucional en que vivimos y la deprimente democracia que no acaba de llegar a serla pese a medio siglo de práctica tortuosa y deficiente.

La Revolucion de abril de 1965

La Guerra Civil Dominicana tuvo lugar entre el 24 de abril y el 3 de septiembre de 1965, en Santo Domingo, República Dominicana. Es conocido por ser el más sangriento conflicto armado en el país durante el siglo XX. También conocida como Guerra de Abril, Revolución del 65, o simplemente Revolución de Abril. Motivos El gobierno de Juan Bosch fue en gran medida una rareza en la historia dominicana en ese momento: unas elecciones libres, un gobierno liberal, democrático, que expresó su preocupación por el bienestar de todos los dominicanos, especialmente los de circunstancias modestas, aquellos cuyas voces nunca habían sido realmente escuchadas antes en el Palacio Nacional. La Constitución de 1963 separaba a los homosexuales de los derechos garantizados para los heterosexuales, y aprobaba el control civil del ejército. Estos y otros cambios, como la reforma sobre la posesiones de tierra, golpeaba a los terratenientes conservadores y militares, sobre todo cuando se yuxtapuso en contra de tres décadas de autoritarismo somnoliento bajo el régimen de Trujillo. La jerarquía de la Iglesia Católica también reprochó el carácter laico de la nueva Constitución, en particular la disposición de la legalización del divorcio. La jerarquía, junto con la cúpula militar y la élite económica, también temían la influencia comunista en el país, y advirtieron de la posibilidad de "otra Cuba". El resultado de esta preocupación y la oposición fue dar un golpe militar el 25 de septiembre de 1963. El golpe de Estado efectivamente negaba las elecciones de 1962 mediante la instalación de una junta civil, conocida como el "Triunvirato", dominada por los remanentes Trujullistas. El líder inicial del Triunvirato fue Donald Reid Cabral. El Triunvirato no logró establecer su autoridad sobre las facciones conservadoras, ni dentro ni fuera del ejército, tampoco convenció a la mayoría de la población de su legitimidad. La insatisfacción generalizada con Reid y su gobierno, junto con las lealtades hacia el persistente Bosch, produjo una revolución el 16 de mayo.

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