Los dominicanos acudiremos el domingo a los centros de votación para
elegir a quien será el próximo presidente a partir del 16 de agosto.
Todo indica que habrá un ganador en primera vuelta, lo cual le ahorraría
al país el gasto y el trauma de una segunda ronda en la que cabría
esperar lo que no se ha hecho todavía, que honestamente debe ser ya muy
poco. Es importante que los electores voten con plena conciencia de lo
que hacen, a fin de darle valor al sufragio y fortalecer de este modo la
democracia, terriblemente débil en materia de institucionalidad y falta
de garantías ciudadanas.
Muchos amigos me preguntan por quién yo votaría y si lo haría por el
candidato del gobierno, licenciado Danilo Medina. Yo no votaría por él
por muchísimas razones, ninguna personal, todas políticas,que paso a
enumerar. La primera es que las circunstancias electorales y la
debilidad democrática de nuestro país me han forzado siempre a sufragar
por el candidato de oposición con mayores posibilidades y esas
circunstancias no han cambiado.
Así lo hice por Hipólito Mejía en el 2000 para no validar un nuevo
gobierno del PLD, y tuve que volver a votar por el hoy presidente
Fernández cuatro años después para evitar la relección del señor Mejía,
con éxito en ambas oportunidades. En la siguiente elección presidencial,
le di mi voto al señor Vargas Maldonado para expresarme así en contra
de la relección del señor Fernández, lo cual no fue obviamente
suficiente para impedirla.
Durante los agitados días de las primarias en el PLD, en las que
después el señor Medina acusara al señor Fernández de haberle vencido
con el uso masivo de los recursos estatales, le expresé mis simpatías al
primero acompañándolo incluso como observador en varios viajes al
interior en actividades de campaña, la primera de ella por Moca y
Salcedo viajando en su compañía en su propia jeepeta.
La siguiente razón por la que no votaría el domingo por él es que
su partido concentra demasiado poder y un nuevo mandato del PLD, por más
que Medina intentara ser diferente y tolerante, acentuaría esa
peligrosa realidad y dejaría al país sin una fuerte oposición en
capacidad de servir de contrapeso a los excesos de autoridad que ese
total dominio de las instituciones nacionales les permitiría, en
detrimento de las libertades y los derechos ciudadanos.
No votaré por el señor Medina porque, además, su silencio
inexplicable en la discusión de los grandes temas nacionales, bajo la
aparente excusa de no producir fricciones innecesarias, me dejó la
sensación de que carece de la autoridad y el liderazgo real suficiente
para encarar políticamente los grandes desafíos que enfrenta y deberá
enfrentar el país en el futuro cercano, es decir en el periodo que le
tocaría gobernar si ganara las elecciones.
Me refiero entre otros al debate de la Constitución, a la demanda de
mayores recursos para la educación, como manda la ley que le asigna el
4% del Producto Interno Bruto, la defensa del medio ambiente y las
escandalosas denuncias de corrupción, que involucran a connotadas
figuras del gobierno que lo promueve y que, según han publicado algunos
medios, figuran entre sus más generosos patrocinadores de campaña.
No votaré por él porque no ha dicho "¡eso no!", la caballerosidad
política de oponerse a la propaganda desleal, para no llamarle sucia,
que sus aliados han desplegado con extrema virulencia, imprimiéndole a
la campaña un tono de violencia verbal que ha contaminado todo el
espectro electoral y llevado a los demás a una emulación a punto de
degenerar en violencia física, lo que afortunadamente no ha ocurrido y
espero en Dios no suceda, porque ya contamos con dos muertos, dos
hogares enlutados, llenos de huérfanos de afectos y manutención, sin
posibilidad que pueda haber justicia para consuelo de los deudos.
No votaré por el señor Medina por muchas otras razones valederas,
pero sobre todo porque vivo todavía en un país libre y como ciudadano
libre estoy en pleno derecho de decidir sin miedo alguno por quien votar
y con quién reunirme, aunque tenga la absoluta convicción de que al
reclamar ese derecho , que no me reconocerá el señor Medina, me exponga a
muchas cosas, lo cual indica la terrible debilidad institucional en que
vivimos y la deprimente democracia que no acaba de llegar a serla pese a
medio siglo de práctica tortuosa y deficiente.
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